Muchas empresas ven el RGPD como un trámite legal, ignorando que su cumplimiento depende directamente de medidas de ciberseguridad sólidas. Descubre cómo proteger datos es proteger tu negocio.
El RGPD establece en su Artículo 32 la obligación de aplicar “medidas técnicas y organizativas apropiadas” para garantizar la seguridad de los datos personales. Esto significa que no basta con tener políticas escritas; es necesario implementar medidas técnicas concretas como el cifrado de datos en tránsito y en reposo, una gestión de accesos basada en el principio de mínimo privilegio y autenticación robusta, copias de seguridad que permitan la recuperación tras un incidente, y protección perimetral mediante firewalls y sistemas de detección.
Junto a estas medidas técnicas, son igualmente importantes las organizativas: políticas internas documentadas y aplicadas, formación continua del personal para concienciar sobre seguridad, evaluaciones periódicas de riesgos y procedimientos claros de respuesta ante brechas de seguridad.
El incumplimiento de estas exigencias puede acarrear multas de hasta 20 millones de euros o el 4% de la facturación anual, además de sanciones administrativas y un daño reputacional difícil de reparar. Por el contrario, alinear ciberseguridad y RGPD no solo asegura el cumplimiento normativo, sino que reduce el riesgo de brechas, genera confianza en clientes y socios, y se convierte en una ventaja competitiva.
Para llevarlo a la práctica, se recomienda seguir cinco pasos: primero, identificar y mapear todos los datos personales que se procesan; segundo, evaluar los riesgos específicos asociados; tercero, implementar los controles de seguridad necesarios; cuarto, documentar todas las medidas aplicadas; y quinto, revisar y actualizar periódicamente el sistema.
En definitiva, sin una ciberseguridad sólida, el cumplimiento del RGPD es imposible. Ambas disciplinas son dos caras de la misma moneda: la protección integral de la información y la continuidad del negocio.